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Clonación de animales. Donde están los límites.

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En las últimas semana diferentes medios de comunicación internacionales han confirmado la construcción y desarrollo del mayor laboratorio tecnológico del mundo para la clonación de animales.

Este centro se ubicará en la región China de Tianjin y cuenta con un presupuesto cercano a los 30 millones de euros. Dos empresas, una filial del Grupo Boyalife llamada Sínica, y el Instituto surcoreano Sooam Biotech, son los responsables de la preparación y ejecución del proyecto.

 

Cual es mi sorpresa cuando, movido por la curiosidad sobre el estado actual de la clonación de animales, recibo las primeras noticias: Biotech ha comercializado más de 550 perros clones para distintos países. Dentro de sus servicios incluyen la entrega a domicilio, gestión de aduanas o controles policiales. Y pienso, el futuro de los clones ya ha comenzado. Al final resultará que las películas de Hollywood siempre van por delante.

 

Es un futuro que me inquieta. Y lo es por dos aspectos principalmente:

No es casualidad que este tipo de centros de investigación se construyan en un país con un régimen autoritario que viola constantemente los derechos humanos.

En Europa la clonación de animales y sus derivados están prohibidos desde el 8 de Octubre de 2.015 porque la califica de tortura. El proceso supone una elevada tasa de mortalidad en el mejor de los casos, y un sufrimiento prolongado por las malformaciones que sufren los animales en el peor de los casos.

Por otro lado me preocupan las implicaciones morales, y mucho.

 

Todos los que hemos pasado por la pérdida de un perro, gato… sabemos el proceso tan doloroso que es. La poca esperanza de vida que presentan respecto a nosotros pone las cosas más difíciles.

Pero ¿es ético clonar a nuestra mascota para superar la pérdida? ¿Habrá personas que clonen a sus animales para asegurarse un banco de órganos constante como vimos en la película de La isla? ¿Sólo importará tener una animal perfecto exactamente igual al que tenías?

Esas personas que están comprando clones de sus mascotas (vete a saber a qué precio) ¿son conscientes del número de ensayos necesarios y el sufrimiento asociado en cada uno de ellos ocasionado a sus clones? Hay pocas cosas tan egoístas como esto.

Tampoco pienso que perder la variedad de caracteres, genética o comportamientos sea algo positivo, de hecho a mi entender es un futuro frío y gris.

 

Es cierto que en medicina la clonación de órganos es un paso de gigante para el trasplante en personas enfermas que supondrá salvar miles de vidas cada año.

Pero entiendo que no es lo mismo desde el punto de vista ético clonar un órgano desprovisto de identidad y clonar un individuo completo, para  comercializar a los más ricos posteriormente.

¿Y donde estarán los límites? ¿Clonarnos a nosotros mismos o a nuestros animales para conseguir la inmortalidad eterna? ¿utilizar a las personas o animales como bancos de órganos? ¿No importa el sufrimiento del “ejemplar” en todos esos ensayos infructuosos hasta llegar a la fabricación perfecta?

Tú que opinas…

 

Iván Torrijos.